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El 5 de marzo de 1988 Mar del Plata amaneció con una noticia impensada: a las 7:45 de ese sábado nublado había muerto Alberto Olmedo. El capocómico de 54 años se precipitó al vacío desde el piso 11 del edificio MARAL 39, en circunstancias que aún hoy, 30 años después, todavía son materia de discusión. No hubo una gota sangre, apenas el jean rasgado, el torso desnudo, el cuerpo tendido sobre el boulevard marítimo Patricio Peralta Ramos.

Sobre el pavimento, frente al edificio MARAL 39, hay patrulleros, periodistas, ambulancias y tapado con una sábana blanca el cuerpo sin vida de Alberto Olmedo, el humorista más grande de la Argentina. A 70 metros de ahí, en un departamento con un balcón desde el que se puede ver toda la escena, cuatro hombres negocian un precio. Sentados en una mesa discuten cuánto valen las imágenes que Oscar Etchart, un joven que nunca sale sin su cámara, sacó apenas unas horas antes.

Oscar Etchart tenía entonces 21 años y ya en ese momento había decidido que quería ser fotógrafo. Por eso llevaba a cada lugar que iba su cámara, una Pentax MF, con la que se había empezado a ganar algunos pesos sacándole fotos en la cochera del Teatro Tronador a las chicas que esperaban hasta el final de las funciones para ver a los artistas o a los grupos de veraneantes que paseaban por la peatonal.

Haciendo sus primeras armas Oscar había estado la noche anterior a la muerte de Olmedo sacándole fotos a la “Superluna” y por eso ese sábado a la mañana la máquina tenía puestos un teleobjetivo y una película de 100, sin flash. Había quedado en pasar a buscar a Ariel, un amigo suyo, sobrino de un ex patrón que había tenido, por el departamento de este último en la esquina de Falucho y Peralta Ramos, para ir a acampar.

“Yo había pasado por la puerta del MARAL apenas dos minutos antes, fue cuando estaba entrando al edificio que escucho los gritos”, le cuenta a Infobae Oscar. “Cuando salgo lo que veo es a una mujer como queriéndose tirar de un balcón”, describe, sobra la única imagen con la que sin pensarlo dos veces agarró su máquina y salió a la calle. Fue la tercera persona en llegar junto al cuerpo de Olmedo.

La mujer que gritaba en lo alto, desencajada, en shock, era Nancy Herrera, entonces de 28 años. La actriz acababa de reconciliarse con Olmedo y estaba esperando un hijo suyo. Desde el balcón Herrera, la única testigo, vio cómo una pareja de enfermeros que estaba haciendo footing por la costanera, los primeros en llegar, se acercaban al cuerpo del actor y empezaban a intentar reanimarlo.

“Él cae en el pasto con la rodilla, se hace un hueco importante en la tierra, después rebota en la vereda y termina como a un metro y medio del cordón sobre la calle”, desanda Oscar el recorrido del cuerpo del cómico. “Quedé shockeado, no reaccióné en el momento”, admite el fotógrafo y recuerda que fue su amigo, Ariel, el que sacudiéndolo del brazo le dijo “sacale, sacale” y lo hizo reaccionar.

Lo primero en lo que pensó fue que con el teleobjetivo, sin el flash, con lo oscuro que estaba esa mañana, esas eran fotos imposibles. Pero igual levantó la cámara y gatilló.

“Habré hecho 10 fotos y ahí es cuando baja Nancy Herrera y se tira arriba de él”, repasa el momento y recuerda las palabras de ella: “Por qué hiciste eso negro, por qué”. Otra vez levantó la cámara y gatilló.

Esa imagen, la de Nancy sobre el cuerpo de Olmedo, en la que una sombra le oculta el rostro, en la que la tensión de la mano agarrándose la cabeza llena de drama la composición como si se tratar de un fresco, sería tres días más tarde la portada de la revista Gente. Iría acompañada de la palabra “exclusivo”, de otras cinco fotos de Oscar en el interior, del titular “Lo que nadie mostró”, de su nombre en el pie de página. Pero todo eso todavía no lo imaginaba.

“Hice todas las fotos cuando le ponen el electroshock, cuando le inyectan la morfina en el corazón”, repasa Oscar, que sostiene a 30 años la única edición de la revista que compró. “Me impactó pero ya me había dado cuenta de que estaba muerto, se sentían ruidos dentro de él, pero eran ruidos de la sangre y de todas las cosas que se habían roto”, trae los detalles de un momento en el que no supo hacer otra cosa más que seguir gatillando.

Ese fue el comienzo de su carrera profesional.

El 28 de febrero Gente había cerrado la cobertura de la temporada y los corresponsales de la revista vuelto a Buenos Aires. Quedaban solamente en Mar del Plata el director, Jorge de Luján Gutiérrez y Adrián Van der Horst, la persona que manejaba a los fotógrafos, los dos de vacaciones. “Al ratito que saqué las fotos apareció Van der Horst y desde ahí no me dejó en ningún momento. Él sabía lo que había en ese rollo”, asegura Oscar, al que no mucho después la policía le secuestró la cámara.

“Mi ex patrón, que para ese momento también se había acercado a la puerta del MARAL, cuando ve que sucede eso llama a un abogado muy importante acá de Mar del Plata, casi al mismo tiempo que Van der Horst llama a Luján Gutiérrez”, resume Oscar sobre la formación de lo que definió como “el equipo de rescate del negativo” con las últimas fotos de Alberto Olmedo.

Las condiciones en las que Oscar había sacado las fotos ponían en duda si iban a servir para algo. “Hoy en día es diferente porque si tenés la cámara con wi-fi las pasás de la máquina al celular y las enviás, pero en esa época era con rollo, no sabías lo que había ahí hasta que no lo revelabas”, dice. A pesar de todo los ojos estaban puestos en los negativos, los únicos registros de una muerte que ese sábado conmocionaba a un país.

Dos horas más tarde, tras un “maneje” el grupo logró recuperar los negativos. La cámara se la darían recién al otro día. Fueron todos juntos hasta el laboratorio de calle Santa Fe y Santiago del Estero a revelarlos, pero el lugar estaba cerrado. Hicieron tiempo en la confitería Barracuda, donde Oscar se acuerda que quiso ir al baño y que Van der Horst insistió en acompañarlo. Nadie estaba dispuesto a perder de vista el rollo.

El empleado del laboratorio escaneó el negativo con el abogado respirándole literalmente en el hombro. Una vez con el material en su poder volvieron todos al departamento de Falucho y el boulevard marítimo. “Olmedo todavía estaba en el piso siendo las 11 menos cuarto de la mañana y nosotros discutíamos el precio del negativo a 70 metros”, deja saber Oscar y la escena resulta tan chocante como real.

“Oscar y Ariel váyanse, nosotros sabemos lo que tenemos que hacer”, fueron las palabras con las que el ex patrón despachó a los amigos, que no discutieron y se fueron de campamento como tenían planeado. Por la noche llamaron por teléfono y la negociación continuaba: “Era mucha la brecha entre lo que se pedía y lo que se ofrecía, era mucho y en dólares, entonces se discutió mucho”.

“Yo sabía que era mucho, pero ni siquiera tenía idea de cuánto podía ser, era igual una sensación fea porque yo estaba mal por la persona me había tocado fotografiar, Alberto Olmedo. Me hubiera gustado que hubiera sido en otras circunstancias”, comparte Oscar con Infobae, sobre los sentimientos encontrados de esa mañana de 1988.

“Al otro día a la mañana le compramos al canillita todos los diarios, habían salido un montón de cosas pero la prensa había escrito barbaridades y la única foto rescatada en todos los medios es la que le están levantando la sábana, la más conocida, de cuando ya había llegado la policía. Todos tenían la misma foto, por eso valían tanto las mías, las anteriores”, enmarca el fotógrafo.

“A la noche se cerró en 17 mil dólares”, confía, sobre una suma que en aquel momento recuerda que calculó equivalía a “un peugeot 504 con licencia trabajando en la calle”, es decir, un taxi funcionando. Para un chico de 21 años una fortuna, de la que recibió 12 mil dólares, luego de que el abogado le cobrara sus honorarios por la negociación.

Las fotos de Oscar que aparecieron en la revista se ven movidas, tienen ruido, poca luz, y sin embargo vistas a la distancia son la mejor versión que podría haberse logrado de la muerte de Alberto Olmedo. Es esa desprolijidad, esa textura difusa, imperfecta, la que las carga de cierto realismo, al tiempo que dosifica el impacto de ver la muerte de un personaje tan querido, tan de cerca.

Nota realizada por infobae.com

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