En el momento de plasmar la información, se puede seleccionar entre una secuencia de construcciones, dependiendo del propósito que tenga el creador.

Una de estas opciones es la famosa como composición inductiva. Vamos a investigar pausadamente exactamente en qué radica esta manera, cuáles son sus peculiaridades, exactamente en qué se distingue de otros probables modelos, e inclusive observaremos ciertos ejemplos con los que vamos a poder comprender mejor esta información

¿Qué es una composición inductiva?

En el momento en que charlamos de composición inductiva, nos encontramos citando a la forma de organizar una secuencia de datos, esto es, de información, durante un alegato, relato o artículo. Este modo de estructuración se apoya en la inducción, término que debemos determinar apropiadamente en esta introducción para lograr de este modo entender mejor el tema que nos ocupa.

La inducción, o razonamiento inductivo, es una forma de razonar donde se examinan primero una sucesión de premisas para intentar lograr una conclusión que, si bien está sostenida sobre las primeras, no proporciona una absoluta seguridad sobre su certeza. Esto es, entendemos que esa conclusión se cumple para todas y cada una de las premisas analizadas, pero no tenemos la posibilidad de tener certeza de que sea aplicable para aquellas que no conocemos.

Otra forma de detallar la inducción, que es la base de la composición inductiva, como ahora vimos, sería aquel razonamiento que una parte de lo mucho más especial, esto es, desde casos específicos y populares, para intentar llegar a las consideraciones en general para todos y cada uno de los casos. Como hemos dicho, solo tenemos la posibilidad de estar persuadidos de que esas consideraciones se aplican a las situaciones populares, pero no para el resto.

Para lograr ilustrar esta cuestión con un caso de muestra, tenemos la posibilidad de meditar en el descubrimiento de una exclusiva clase de animal, pongamos por caso, un roedor. Los estudiosos que estudian esta novedosa clase podrían ver una secuencia de premisas, similares con el color del pelo de cada ejemplar encontrado, que podría ser pardo en todos y cada uno de los casos. Por medio de la inducción, podrían finalizar que todos y cada uno de los integrantes de esa clase serían de color pardo.

Este razonamiento es de tipo inductivo, puesto que la conclusión alcanzada es válida con absoluta seguridad solo para las situaciones (las premisas) populares, esto es, para los ejemplares que se han estudiado. Pero los estudiosos no podrían asegurar que de pronto se encontrase un nuevo espécimen de tal roedor cuyo pelaje fuera de un color diferente, por servirnos de un ejemplo, blanco. Esto nos servirá para comprender más tarde las implicaciones de la composición inductiva.

En un caso así, la conclusión dejaría de ser válida y habría que llegar a una diferente, por servirnos de un ejemplo, que los integrantes de esa clase tienen el pelo o pardo o blanco. De la misma antes, esta conclusión proseguiría teniendo validez para las premisas conocidas, con lo que, si se introdujese una exclusiva, como que se han visto ejemplares con el pelaje negro, de nuevo, habría que detallar una exclusiva conclusión, actualizada en función de los datos populares: el pelaje de este animal puede ser pardo, blanco o negro.

Peculiaridades de la composición inductiva

En la introducción pudimos ver un caso de muestra de inducción que nos va a ayudar a comprender las especificaciones de la composición inductiva. En un caso así, hablamos de utilizar este modo de razonamiento a la composición de un artículo.

Ahora, recopilaremos varios de los aspectos escenciales de este estilo de escritura, las primordiales especificaciones por las que tenemos la posibilidad de detectar un artículo con una composición inductiva.

1. Premisas primero, conclusión en el final

Así como observábamos en el ejemplo previo, hay una característica básica en la inducción que se traslada a la composición inductiva. No es otra que el orden de los elementos que van a necesitarse en el artículo para lograr trasmitir el mensaje que el escritor quiere llevar a cabo llegar a los que leen.

En ese sentido, va a ser indispensable que el creador empieze estableciendo toda la serie de premisas sobre las que va a fundamentar el razonamiento. En esa una parte del artículo, el escritor debe dejar claros todos y cada uno de los datos que va a requerir, en tanto que una composición inductiva necesita que toda esta información esté ubicada al principio del escrito.

Tras enumerar todos esos casos específicos, ejemplos o datos que se conocen en relación a la temática que el creador está examinando, se puede pasar al siguiente punto, que es el de la recopilación de la información que fué mostrándose en los ejemplos específicos, para de este modo poder sintetizar los datos y llegar al paso final.

El último paso de la composición inductiva no es otro que el de la conclusión. Llegados a ese punto, el creador del artículo expondrá lo que se concluye de todos y cada uno de los casos estudiados en los puntos precedentes. Es primordial rememorar que esa conclusión, al estar fundamentada en el razonamiento inductivo, es alguna para los ejemplos estudiados, pero no tenemos la posibilidad de asegurar que lo sea para los que no conocemos.

Por ende, esa conclusión va a tener la categoría de seguridad en lo que se refiere a las situaciones desde los que se ha predeterminado, pero el creador no va a poder aventurarse a hacerla extensible a otros ejemplos o ocasiones, por lo menos no con la absoluta seguridad de que proseguiría cumpliéndose así como se ha visto.

En el caso de hallar nuevos datos, la conclusión alcanzada en tal escrito debería actualizarse a través de un nuevo artículo que tuviese presente el descubrimiento efectuado, para de este modo poder sostener la validez.

Estructura inductiva

2. Diálogo entre el escritor y el lector

En contraste a otros contenidos escritos, la composición inductiva da pie a una participación activa del lector, estableciendo una suerte de diálogo con los datos que de a poco le va ofertando el creador en todo el escrito. Como resulta lógico, asimismo se puede leer de una forma pasiva, pero para lograr entender apropiadamente el razonamiento que se está haciendo, es recomendable prestar atención, con la cabeza lúcida.

Solo de esta manera vamos a poder acompañar, como leyentes, en el sendero que el escritor nos marca, entendiendo de esta manera la información con la que partimos y las medites que debemos efectuar para llegar a las conclusiones finales que se establecen, y que son ajustables para la información que se nos ha brindado al comienzo.

Si se prosigue este desarrollo, nuestro lector que tenga frente él un artículo de composición inductiva, podrá llegar a la conclusión al tiempo que el escritor, por el hecho de que le va a haber acompañado de forma indirecta en todo el razonamiento. Del mismo modo, va a poder percatarse si el creador ha cometido algún fallo y pasó por prominente algún aspecto que inutiliza la conclusión a la que llegó.

Así, la lectura se transforma en un acto participativo, en el que tenemos la posibilidad de transformarnos momentáneamente en estudiosos y agrupar las piezas del rompecabezas para producir un juicio que sea conveniente para la información compendiada en un inicio.

3. Composición en embudo, del caos al orden

Otra característica de los contenidos escritos con composición inductiva es exactamente el sistema de embudo en el que muestran la información. Bajo este prisma, podríamos ver que al principio del artículo estaría la parte ancha del embudo, estaría la parte mucho más desorganizada, consistente en toda la información, supuestamente inconexa.

Es al comienzo del artículo donde se ubican todas y cada una de las premisas, como ahora vimos. Todas ellas aportará una secuencia de datos, pero ahora mismo es posible que no sea bastante visible cuál es la relación que podría establecerse entre todos ellos. Para esto es requisito proseguir continuando por el razonamiento inductivo, o lo que es exactamente lo mismo, el embudo, desde su parte mucho más ancha hasta la parte mucho más fina.

A mitad del sendero, hallaríamos el segundo punto, en el que se han ordenado todos y cada uno de los datos, para lograr detallar las relaciones entre ellos. Ahora mismo nos hallaríamos en el medio del embudo, y el caos inicial empezaría a tornarse en orden, pero aún sería próximamente para llegar al resultado final.

Para esto, hay que proseguir continuando en el sendero de la composición inductiva, y por consiguiente llegar hasta la parte mucho más angosta del embudo, que representa el desenlace del sendero. Es ahí donde al fin se hizo una síntesis de toda la información desorganizada, se han predeterminado las relaciones que corresponden y en consecuencia, el creador o estudioso está en condiciones de detallar una conclusión o conclusiones sobre la temática estudiada.

Observamos, por consiguiente, como el embudo sirve de símil para comprender de qué manera es viable entablar un razonamiento desde una serie de casos particulares y poder sacar las generalidades que se esconden tras todos y cada uno de los datos logrados, consiguiendo la conclusión que aplica sobre todos ellos, si bien no sepamos si lo realiza sobre los ejemplos que no conocemos.

Referencias bibliográficas:

  • Andrade Zamora, F., Alejo Machado, O.J., Armendariz Zambrano, C.R. (2018). Procedimiento inductivo y su refutación deductista. Conrado. Cienfuegos.
  • Hernández Ortiz, H., Parra Dorantes, R. (2013). Inconvenientes sobre la distinción entre argumentos deductivos y también inductivos y su enseñanza. Innovación didáctica. México DF.
  • Newman, G.D. (2006). El razonamiento inductivo y deductivo en el desarrollo investigativo en ciencias experimentales y sociales. Laurus.

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