En biología, los ritmos circadianos se definen como oscilaciones de las cambiantes fisiológicas de un organismo en intervalos regulares de tiempo. Todos y cada uno de los seres vivos, desde bacterias a humanos, mostramos oscilaciones en nuestros factores en dependencia de condicionantes ambientales, que acostumbran a cambiar de forma rítmica y compasada con nuestro cuerpo.

En nuestra clase, los ritmos circadianos abarcan los cambios físicos, mentales y conductuales que prosiguen un ritmo de 24 horas. La mayor parte de estos mecanismos se fundamentan en la variación de luz-obscuridad, ya que para los humanos, la noche supone reposo y reparación, al tiempo que el día piensa un pico de actividad fisiológica y neuronal. Como vas a poder imaginar, no todos y cada uno de los seres vivos argumentan de esta manera al período luz-obscuridad, igual que tampoco interpretan del mismo modo otros factores ambientales como la sequedad, calor, lluvia y considerablemente más.

Los ciclos circadianos son fundamentales para la salud del humano y de todos y cada uno de los animales, por independientes que parezcamos de la naturaleza en una Tierra poco a poco más antropizada. Si tienes ganas de saber de qué manera influyen en la salud los ciclos circadianos de nuestra clase, prosigue leyendo.

Los ritmos circadianos y el reloj biológico

Si bien reloj biológico y ritmo/período circadiano sean términos extensamente unidos, no significan lo mismo en ningún caso. Los ritmos son cambios físicos, mentales y conductuales que llevamos a cabo de manera cíclica cada 24 horas, al tiempo que los relojes biológicos son los mecanismos que mostramos en nuestro interior para regular el período de los ritmos circadianos.

En mamíferos, el reloj biológico está ubicado en un área del cerebro concreta, el núcleo supraquiasmático. Este radica en una agrupación de unas 20.000 neuronas del hipotálamo medial, las que tienen dentro los ciclos basado en la concentración de las proteínas CLOCK y BMAL1, entre otras muchas cosas. No vamos a entrar en terminología complicada, ya que nos es suficiente con entender que los genes que codifican estas proteínas dejan su dimerización, que activa genes como period (per) y timeless (tim), fundamentales en los mecanismos aquí abarcados.

¿De qué forma influyen en la salud estos ciclos?

Vimos unas pinceladas sobre el reloj biológico de los seres vivos, pero este mecanismo luce por su dificultad y matizaciones. Ahora, exploramos los efectos del desequilibrio y conservación de los ritmos circadianos sobre la salud.

1. La relación del ritmo circadiano con la dieta

Como vimos previamente, el reloj biológico tiende a acompasarse con los ritmos de luz y obscuridad del ambiente. Múltiples fuentes establecen que el consumo de nutrientes tienen la posibilidad de modular la expresión de ciertos genes reguladores del ritmo circadiano, los que alteran la conducta de nutrición en el hipotálamo. Estos conceptos recaen en el campo de la epigenética, o sea, la presencia de cambios en la expresión/inhibición de los genes sin trastocar nuestro genoma, sino más bien atendiendo a causantes del ámbito.

Un producto atrayente que inspecciona estas relaciones es Impact of nutrients on circadian rhythmicity, anunciado en el año 2015 en la gaceta científica Regulatory, integrative and comparative physiology. Este producto de revisión cita que, ciertamente, los regímenes con contenido elevado en grasa y azúcares tienen la posibilidad de desembocar en modificaciones de genes que modulan nuestro reloj biológico, lo que se traduce en efectos en el tejido periférico y en el sistema inquieto central (SNC).

De cualquier manera, algunas fuentes sostienen que, para resetear el reloj biológico, es más esencial la cantidad total de nutrientes (energía) que la naturaleza de exactamente los mismos. Se necesita aún mucha investigación, ya que nos encontramos en la niñez de la epigenética.

2. La melatonina y el sueño

La melatonina es la hormona más esencial en los seres vivos en el momento de charlar de la regulación del período sueño-vigilia. El núcleo supraquiasmático recibe información de la luz exterior por la parte de los ojos y, en instantes de obscuridad, le manda la señal a la glándula pineal de que debe generar melatonina. El incremento de la concentración de melatonina circulante nos señala, de manera inconsciente, de que es instante de irse a reposar.

Hoy, se demostró que la exposición a luces refulgentes durante la noche impide la segregación de melatonina, lo que retrasa los ciclos circadianos normales. El estudio Self-luminous devices and melatonin suppression in adolescents lo revela de manera sencilla. En esta investigación, se les pusieron lentes destacables (que anulaban la incidencia de la luz de los aparatos electrónicos) a un conjunto de jovenes antes de reposar, al paso que otros sostuvieron su rutina habitual sin lentes. Se midieron los escenarios de melatonina en los dos campos experimentales durante las noches.

Los chicos que no llevaban lentes presentaban un 28% menos de melatonina circulante que los que sí lo hacían tras una hora de exposición a un display antes de irse a reposar. Con base en datos como estos, se llegó a calcular que la exposición prolongada a una tablet o un móvil inteligente antes de reposar tienen la posibilidad de postergar el sueño durante más de una hora.

3. Los ciclos circadianos y la temperatura corporal

Los ritmos circadianos y el reloj biológico asimismo condicionan la temperatura que mostramos dentro de nuestro cuerpo en todo el día. La temperatura corporal individual reduce a lo largo de la noche (instante de metabolismo achicado), alcanzando su mínimos a las 3 de la mañana y su máximo a las 6 de la tarde. Así, entre las 6 de la mañana y las 18:00 horas, se estima un aumento de 0,5 grados, de manera aproximada.

Por este motivo, un individuo no debe preocuparse si muestra una temperatura corporal mucho más baja de lo común durante la noche, más que nada entre las 2 y las 4 de la mañana. Aun de esta forma, toda temperatura que baje de los 35 grados se considera hipotermia, de mayor o menor gravedad según cada caso.

Resumen

Como puedes observar, los ciclos circadianos modulan nuestra apetito y ganas de ingesta, nuestra temperatura corporal, el ritmo del sueño y muchas cosas mucho más. Más allá de que el reloj biológico venga codificado en nuestra huella genética, hay una sucesión de causantes y hábitos que tienen la posibilidad de inclinar su desempeño a una balanza mucho más efectiva y natural. La proporción de melatonina circulante y la exposición a las pantallas son un ejemplo evidente de esto.

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Referencias bibliográficas:

  • Figueiro, M., & Overington, D. (2016). Self-luminous devices and melatonin suppression in adolescents. Lighting Research & Technology, 48(8), 966-975.
  • Oosterman, J. Y también., Kalsbeek, A., la Fleur, S. Y también., & Belsham, D. D. (2015). Impact of nutrients on circadian rhythmicity. American Journal of Physiology-Regulatory, Integrative and Comparative Physiology, 308(5), R337-R350.
  • Reddy, S., Reddy, V., & Sharma, S. (2020). Physiology, circadian rhythm. StatPearls [Internet].

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