Cuando pensamos en un psicópata, generalmente nos asalta la idea de un asesino en serie, frío y calculador, como nos muestran las películas.

Pero la realidad es muy diferente. Aunque obviamente han existido y existen personas con psicopatía que cometen diversos crímenes, otros no lo hacen. En este artículo exploraremos la cuestión de los psicópatas integrados, una cuestión que puede resultar muy sorprendente.

¿Qué son los psicópatas integrados?

Para poder hablar de los psicópatas integrados, primero es necesario que nos detengamos un momento para definir adecuadamente el propio término de psicópata. La psicopatía es una psicopatología encuadrada dentro del trastorno antisocial de la personalidad.

Sin embargo, aunque existen algunos rasgos comunes en algunas de estas personas, sería inadecuado hacer una categorización general para todos los individuos con personalidad psicopática, pues existen variaciones importantes, como es el caso de los psicópatas integrados, que veremos más adelante. Además, como la mayoría de las psicopatologías, esta se puede dar en diferentes grados, por lo que habrá muchos matices.

Las características clínicas más frecuentes en este tipo de individuos son, en primer lugar, un comportamiento antisocial, que puede ser más intenso durante la infancia y traducirse incluso en conductas como la piromanía o el maltrato animal. También puede aparecer enuresis a edades que no corresponden. Sin embargo, estos comportamientos pueden corregirse y no estar presentes durante la adultez.

Otro rasgo característico sería un grado de empatía así como de remordimientos bastante reducidos e incluso inexistentes, en algunos casos. Aunque habría que puntualizar que muchos psicópatas, integrados o no, cuentan con sus propios códigos de conducta, y es al incumplir estos y no las leyes generales, cuando pueden experimentar malestar.

El tercero de los principales rasgos es el de una evidente desinhibición en su carácter, e incluso un cierto narcisismo y un placer en ser el centro de atención. Además, frecuentemente suelen resultar agradables en el trato, pues cuentan con una gran inteligencia en ese sentido.

También pueden mostrarse insensibles en sus relaciones interpersonales, no ser sinceros, mentir o realizar conductas que se podrían calificar como extravagantes. En ese caso, algunos elementos como el alcohol podrían potenciar el efecto de las mismas. Recordemos en todo momento que estas características son generalidades y por lo tanto no tienen porqué cumplirse en todos los casos, ni hacerlo con la misma intensidad.

Aunque más adelante nos centraremos en los psicópatas integrados, es conveniente seguir conociendo las características generales de esta psicopatología. Otro de los factores a tener en cuenta es que estas personas no suelen experimentar delirios, por lo que su pensamiento es racional.

Pueden mantener relaciones sexuales promiscuas, ser irresponsables en ciertos comportamientos e incluso impulsivos. Podrían también mostrarse manipuladores y hacer cualquier cosa para conseguir sus objetivos. Frecuentemente necesitarán de estimulación para no caer en el tedio.

Estas son algunas de las conductas observadas en la población con personalidad psicopática. Como vemos, son cualidades que, por separado, se podrían observar en muchos tipos de persona, pero que en conjunto, nos marcan un perfil que podríamos calificar como psicopático.

Sin embargo, esto no necesariamente tiene que ir unido a la criminalidad (aunque, efectivamente, tengan una mayor probabilidad de transgredir las normas) y mucho menos al asesinato.

Características de los psicópatas integrados

Ya hemos podido ver algunos de los rasgos generales que encontramos habitualmente en las personas con psicopatía. Uno de ellos, es el de la conducta antisocial, que puede traducirse en comportamientos delictivos. Aquí es donde entran en juego los llamados psicópatas integrados.

Estas personas, aunque encajan en el diagnóstico de la personalidad psicopática, no tienen por qué realizar conductas criminales. Por el contrario, llevan vidas normales y, aunque algunos de sus rasgos difieren de los que podríamos observar en la población general, esto no les supone una gran dificultad para enfrentarse a las situaciones cotidianas, formar una familia, trabajar en diferentes empleos, etc.

En ocasiones también podemos encontrar el término psicópata subclínico para referirse a los psicópatas integrados. Por lo tanto, el término se referiría a los individuos que cuentan con rasgos psicopáticos pero no por ello se han convertido en delincuentes, sino que llevan vidas aparentemente normales y por lo tanto socialmente aceptadas.

Obviamente, las propias características que ya hemos comentado al principio de este artículo puede convertir a estas personas en poco comunes, excéntricas o diferentes en su forma de comportarse, pero no de una manera negativa, necesariamente. De hecho, su narcisismo y placer al ser adulados, hace que resulten encantadores en muchas ocasiones e incluso sean seductores.

Pero ese encanto será meramente superficial, pues su objetivo no es proyectar una buena imagen, sino recibir una serie de halagos a cambio. Y es que para los psicópatas integrados, y para los no integrados también, los otros individuos suelen ser simplemente los medios que necesitan para conseguir un fin.

Esto implica que su afecto por los demás no es necesariamente como el que siente la población general. Su emocionalidad puede funcionar de una manera diferente y por lo tanto sus sentimientos hacia las otras personas, incluso las más cercanas, tampoco han de ser como los que experimenta el resto de individuos.

Sus interacciones y relaciones personales

Estas cualidades convierten a los psicópatas integrados en personas que pueden ser muy hábiles a la hora de manejar a los demás individuos e incluso aprovechar las debilidades de estos para controlarles. Pueden llegar a dominar e incluso a maltratar psicológicamente a las personas de su entorno.

Algunos tratarán de establecer relaciones de una aparente dependencia mútua, solo que en realidad será la otra persona la que entre en dicha espiral de dependencia, puesto que los psicópatas integrados no sentirán este tipo de necesidad. Por el contrario, hasta sentirán cierto placer en hacer sentir a la otra persona vulnerable e incluso poco válida.

En el terreno de las relaciones sentimentales, muchos de estos sujetos no tendrán problema en cometer infidelidades. Algunos llegan al punto de hacerlo de una manera muy evidente, sabiendo que esto puede generar daño en su pareja. Si además ellos tienen una situación económica elevada, no tendrán problema en mantener a la otra parte, pero no por mero altruismo, sino por la situación de vulnerabilidad que genera en la otra persona.

Observamos una tendencia en los psicópatas integrados a tratar de ejercer una relación de poder sobre el prójimo, llegando incluso a la denigración o al maltrato psicológico, como ya hemos visto. Se trata de otra muestra de la frecuente falta de empatía que estos individuos tienen, por lo que los sentimientos o las emociones de los demás no supondrán ningún impedimento para que ellos traten de cumplir sus objetivos.

Testimonio de un psicópata integrado

Pero no todos los psicópatas integrados se comportan de esta manera, e incluso algunos ni siquiera saben que lo son o se enteran en un momento avanzado de su vida. Vamos a ver un ejemplo concreto. Se trata del caso de James Fallon. Este es un ejemplo muy particular, pues estamos hablando de una eminencia a nivel mundial en el campo de la neurología.

Precisamente fue desarrollando su trabajo como neurólogo cuando descubrió que él mismo se trataba de uno de los psicópatas integrados. Fue revisando una serie de imágenes de resonancias del cerebro de diferentes asesinos con psicopatía y de otros individuos, entre las que se encontraba la suya propia. Efectivamente, la imagen de su propio cerebro, concordaba con la de peligrosos criminales.

Pero James Fallon no es ningún criminal, ni mucho menos. Aunque sí tiene rasgos que muchas personas no tienen, ya que, efectivamente, pertenece al grupo de los psicópatas integrados. Sin embargo, en su familia sí había antecedentes de personas, presumiblemente con psicopatía, que habían cometido actos tan atroces como el asesinato.

El propio Fallon refiere que su emocionalidad es diferente, y que es consciente de que lo que siente hacia su mujer y sus hijos no es exactamente lo mismo que ellos sienten hacia él. También reconoce que sabe perfectamente cómo actuar para caer bien a las otras personas, pero eso no significa que sienta aprecio por ellos.

También destaca un tremendo sentimiento de venganza cuando otra persona le causa alguna molestia. En su opinión, pertenece a los psicópatas integrados porque ha nacido con una predisposición a ello, pero la clave para no convertirse en un criminal, según él, reside en la infancia.

Este doctor asegura que fue el tener una infancia feliz y no sufrir, por ejemplo, abusos o maltratos, lo que le mantuvo en ese rango de psicópata secundario. En sus palabras, el nacer con psicopatía es como ser un arma cargada, pero lo que aprieta el gatillo es el haber vivido una infancia dura y, por suerte, ese no fue su caso.

Referencias bibliográficas:

  • Knobbe, M., Kraft, A. (2014). James Fallon: “¡El mal está dentro de mí!”. XL Semanal.
  • Pozueco Romero, J.M. (2010). Psicópatas integrados: Perfil psicológico y personalidad. Eos. Psicología Jurídica.
  • Pozueco Romero, J.M., Moreno Manso, J.M., Blázquez Alonso, M., García-Baamonde Sánchez, M.E. (2013). Psicópatas integrados/subclínicos en las relaciones de pareja: perfil, maltrato psicológico y factores de riesgo. Papeles del Psicólogo.

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