Los microorganismos son la base de la presencia en la Tierra. En el año 2018, un equipo de estudiosos eligieron cuantificar la proporción de biomasa con apariencia de carbono que se encuentra en nuestro mundo, y sus desenlaces fueron publicados en la gaceta Proceedings of the National Academy of Sciences.

Tras sus cálculos, averiguaron que el 15% de la materia orgánica de la extensión de la tierra (70 gigatoneladas) estaba encerrada en el sitio menos aguardado: los seres vivos microscópicos, en concreto, las bacterias.

Tampoco es necesario irse lejísimos para conocer la abundancia de estos microorganismos en el medio, ya que se calcula que cada 6,5 centímetros cuadrados de la pantalla de un móvil hay 25.000 entidades bacterianas, un valor 10 ocasiones mayor a la carga microbiana que muestra, por servirnos de un ejemplo, un plato de comida de un perro.

Con estos datos, nos se sabe que las bacterias cubren todas y cada una de las superficies habitables de todo el mundo, desde nuestra boca y ojos hasta la área con las inclemencias ambientales máximas donde la radiactividad es el único recurso (como es la situacion de Desulforudis audaxviator). A fin de que muchas bacterias delimiten sus terrenos y logren especializarse sin competición, realizan una interacción llamada “antibiosis”. El día de hoy te lo mencionamos todo sobre ella.

Las relaciones en el planeta bacteriano

Antes de charlar sobre la antibiosis, es requisito poner énfasis que hay muchos géneros de relaciones biológicas en el planeta de las bacterias. Desde un criterio científico, una interacción biológica se define como el efecto que 2 taxones o especies tienen entre ellos al interaccionar en el ecosistema en el que conviven. Quizá te suene el mutualismo del pez payaso y la anémona: los tentáculos del invertebrado resguardan al pez y, por su parte, el animal desparasita a la anémona y se nutre de los patógenos que logren dañarla.

En el planeta bacteriano, fenómenos como el parasitismo, la fusión, el comensalismo o el amensalismo se vuelven bastante mucho más difusos, ya que nos nos encontramos moviendo a escalas microscópicas. Un caso de muestra de parasitismo claro es el de la bacteria Helicobacter pylori con el hombre: este microorganismo perfora la mucosa intestinal de los portadores y segrega la enzima ureasa, lo que fomenta la conversión de la urea química en amoníaco. La exposición prolongada a este compuesto hace, en el 20% de las situaciones, que la mucosa intestinal se dañe y aparezcan úlceras.

En la otra cara de la moneda, podemos encontrar la relación simbionte de la flora bacteriana en el ambiente de nuestro tracto gastrointestinal. Colonias de distintos géneros (Firmicutes, Bacteroidetes, Actinobacteria y mucho más) nos asisten a degradar y metabolizar compuestos vegetales (hasta el 10% de las calorías de nuestra dieta), activan nuestro sistema inmune a lo largo de nuestras primeras etapas de vida y asimismo evitan que otros microorganismos proliferen en nuestros tejidos. Es este último término el que mucho más nos llama la atención en este preciso momento, ya que ciertamente tenemos la posibilidad de ligarlo al fenómeno de la antibiosis. Es hora de meterse en harina.

Bacterias

¿Qué es la antibiosis?

Desde el criterio mucho más extenso, una antibiosis se puede determinar como una relación alguno entre 2 organismos que es perjudicial para por lo menos uno. En la acepción mucho más así del término, piensa el término opuesto a la fusión, aquella interacción que le reporta algún género de beneficio a los que están implicados en ella.

Por poner un ejemplo, una relación de depredación podría ser una antibiosis: entre los 2 ejemplares muere a fin de que el otro logre subsistir un día mucho más. Siguiendo este tren de pensamiento, todos los modelos de parasitismo serían antibiosis en sí mismos.

De cualquier manera, el auténtico interés de esta palabra reside en su acepción microbiológica: en el planeta de las bacterias y otros organismos microscópicos, tenemos la posibilidad de determinar la antibiosis como una relación entre 2 bacterias, en la que una expulsa a la otra de manera activa a través de la secreción de un complejo metabólico preciso, llamado antibiótico. Antes de proseguir, es requisito refererir el fenómeno de antibiosis más esencial para la raza humana: el de Penicillum en frente de otros microorganismos.

Penicillium y la antibiosis

Al charlar de la penicilina, hablamos a un conjunto de antibióticos betalactámicos producidos por distintas especies de hongos ascomicetos del género Penicillium. De las mucho más de 300 especies comprendidas en este taxón, la mucho más conocida es Penicillium chrysogenum, descubierta por Alexander Fleming en el año 1928.

Si bien no se conocen totalmente los mecanismos de acción de la penicilina, se estima que este compuesto actúa inhibiendo el desarrollo de transpeptidación, fundamental para la producción de peptidoglicano o mureína. El peptidoglicano es una cubierta protectora que se hace cargo de resguardar a las bacterias de la separación osmótica en entornos acuáticos, conque sin ella, es mucho más simple que se genere una lisis osmótica de los patógenos a lo largo de la multiplicación celular.

Ahora se han descrito mil y una ocasiones las características antibióticas de la penicilina, pero, ¿por qué razón sintetiza este hongo un complejo de herramienta humana? De todos modos, este antibiótico betalactámico es útil para el hombre por el hecho de que tenemos la posibilidad de aprovecharnos de él, pero su ocupación primigenia no es prevenirnos de anomalías de la salud. El hongo Penicillium sintetiza este compuesto para eliminar a las bacterias lindantes y, por consiguiente, tener mucho más espacio para medrar, realizarse y reproducirse.

En el momento en que un ser vivo es con la capacidad de mover al resto de pertenecientes del ecosistema, su nicho ecológico se amplía. Si tiene mucho más ingreso a comida y espacio va a poder reproducirse mucho más y, por lo tanto, va a tener mucho más descendencia que sintetice las substancias bactericidas y va a poder proseguir medrando durante las generaciones. Los humanos nos hemos aprovechado de esta cualidad, pero precisamente los mecanismos evolutivos de los seres vivos no van liderados a favorecernos.

La antibiosis en el cuerpo humano

En este punto, es fundamental resaltar que y tambiénl antibiótico es el químico que destroza a la bacteria, al tiempo que la antibiosis es el fenómeno que desemboca en su producción. Por este motivo, no es totalmente acertado designar la toma de un antibiótico como un fenómeno de antibiosis: en un caso así, no se está generando una interacción natural entre 2 seres vivos.

Si deseamos buscar ejemplos de antibiosis naturales, tenemos la posibilidad de fijar nuestra atención en el aparato reproductor femenino (y prácticamente cualquier una parte del cuerpo humano). Por poner un ejemplo, la flora vaginal está dominada por las especies microbianas Lactobacillus crispatus, L. jensenii y L. gasseri. Estas resguardan el tracto reproductor femenino de la próxima forma:

  • Adhiriéndose de manera concreta al epitelio. Puede escucharse fácil, pero si no hay espacio para asentarse, otras bacterias no tienen la posibilidad de infectar la mucosa.
  • Generando compuestos antimicrobianos. Este es un claro fenómeno de antibiosis.
  • Coagregándose con patógenos, lo que capacidad su efecto microbicida.

Las bacterias del género Lactobacillus fermentan la glucosa secretada por las células de la mucosa vaginal y la transforman en ácido láctico, lo que acidifica el pH del ambiente del aparato genital femenino. Con un pH de 4, prácticamente ningún microorganismo puede medrar adecuadamente, conque Lactobacillus puede multiplicarse a exitación mientras que el sistema inmune del hospedador humano se lo deje.

Además de esto, estas bacterias asimismo generan a lo largo de su metabolismo peróxido de hidrógeno (H202), el que impide el establecimiento de varios patógenos causantes de infecciones de transmisión sexual (ITS). Los Lactobacillus se favorecen de no comunicar espacio con otros microorganismos y, gracias a la relación de antibiosis que establecen con los patógenos del ambiente, resguardan a la mujer que los hospeda en su tracto genital.

Resumen

Como habrás visto, la antibiosis es fruto de la coevolución entre especies, puesto que unas expulsan activamente a otras con el objetivo de conseguir mucho más elementos y espacio para realizarse. Los humanos aprendido a favorecernos de la antibiosis, pero por supuesto, estos mecanismos jamás fueron liderados hacia nosotros: el único interés de la bacteria es reproducirse y multiplicarse, sea esto bueno o malo para el organismo en el que habita.

Por este motivo, si el sistema inmune del hospedador está deprimido o muestra algún desajuste estructural grave, aquello que de entrada era fusión basado en un mecanismo de antibiosis puede transformarse en un parasitismo mortal. Hay casos de infecciones en el corazón (endocarditis) por los lactobacilos antes descritos, más que nada en pacientes con cardiopatías estructurales y deformidades anatómicas. Si la bacteria tiene espacio para medrar alén de sus límites y barreras inmunes indudablemente lo lleve a cabo, cueste lo que cueste.

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