En el análisis de la conducta, el test del hombre fallecido es una prueba bien interesante a emplear en el momento en que se está dejando claro las formas de proceder a valorar en el lapso de la observación.

La iniciativa primordial del test es que todo accionar que asimismo se logre “efectuar” un individuo fallecida es poco aconsejable considerarlo como tal, ya que en sí no sería una acción importante.

Esta prueba tuvo sus pros y sus contras, pero ajeno de ellos no ya no es una curiosa forma de detallar qué hábitos valorar en el momento de realizar una investigación o investigar la conducta de un sujeto. Entremos un tanto mucho más en datos.

¿Qué es el Test del Hombre Fallecido?

El Test del Hombre Fallecido es un concepto que se ha utilizado para intentar distinguir entre conducta objetivamente medible y perceptible de la que no. Esta prueba se ha utilizado muy frecuentemente como método para detallar qué formas de proceder se tienen que investigar en el momento de valorar el accionar de un sujeto, sea persona o animal, en el marco del análisis de la conducta. Su primordial empleo es para saber si una cierta acción se puede estimar o no como un accionar.

Esta iniciativa fue creada por Ogden Lindsley en 1965, quien mencionó que si un individuo fallecida puede hacer una cierta conducta, entonces verdaderamente no es un conducta. La iniciativa es que, sabiendo que solo los organismos vivos tienen la capacidad de producir hábitos, cualquier cosa a la que llamemos conducta debe pasar el test del hombre fallecido y, en consecuencia, no poder ser emitida por un ser inerte.

App en el planeta de la educación

Vamos a procurar comprender mejor esta curiosa iniciativa asociándolo con el porqué de su creación. El test del Hombre Fallecido fue conceptualizado en una temporada en que la investigación en el campo educativo tenía un grave problema en el momento de investigar el accionar de los alumnos. Varios profesores hacían empleo de unos criterios muy laxos para saber el accionar ideal de sus estudiantes, criterios que incluían algo que bien podríamos llamar como “no conducta”.

Entre los puntos que evaluaban los instructores estaban; por servirnos de un ejemplo, cuánto tiempo estaban sus estudiantes mudos o si no motaban un berrinche. Más allá de que valorar estas “formas de proceder” era cómodo, no aportaba datos significativos sobre si verdaderamente estaban aprendiendo ni tampoco se podían estimar como hábitos que fomentaran la educación, como sí lo serían valorar el nivel de implicación de los alumnos en la labor o qué motivados estuviesen para preguntar al instructor.

Estas 2 formas de proceder, o sea, no montar un berrinche y estarse inmovil en el pupitre, no pasarían el test del hombre fallecido pues, esencialmente, un individuo fallecida puede “hacerlas”. Los cadáveres se están quietos y no arman ruido, con lo que querer que los pequeños de un sala se comportaran de esta manera sería lo mismo que estimar que se comporten tal y como si estuviesen fallecidos.

¿Qué es la conducta?

Ejemplo de app de esta prueba

Sin irnos del campo educativo, tenemos la posibilidad de poner un caso de muestra de la app del test del hombre fallecido pero un tanto mucho más de hoy y bastante común en el análisis de la conducta.

Si definimos “incumplimiento” como el fracaso para llenar y obedecer a unas ciertas solicitudes en un período de tiempo, aplicando la prueba deberíamos hacernos la próxima pregunta:

“¿Puede un individuo fallecida fallar en el momento de tener que realizar una demanda?”

La contestación a esta pregunta es, precisamente, sí. El fallecido no hace nada, con lo que va a fallar a toda demanda que le solicitemos. Sabiendo que esa definición de incumplimiento no pasa la prueba del hombre fallecido se hace preciso proponerse una exclusiva conducta a valorar.

En un caso así específicamente, en lugar de charlar de incumplimiento podríamos valorar el rechazo del sujeto hacia la labor que se le ha pedido, definiendo “rechazo” como el acto de contestar con un rotundo no a una cierta solicitud. Aquí tenemos la posibilidad de hacernos la próxima pregunta:

“¿Puede un individuo fallecida contestar con un rotundo no a una cierta solicitud?”

La contestación en un caso así es, lógicamente, no. Un fallecido no posee la aptitud de charlar ni de negar nada activamente, con lo que el rechazo es un accionar por el hecho de que superó el test del hombre fallecido.

Puntos enclenques de esta prueba

Más allá de que al comienzo fue bastante admitida, considerándola un óptimo método para detallar precisamente la línea que apartaba la conducta de aquello que no se lo podía estimar, en la actualidad no se la considera una prueba tajante de qué es conducta y qué no. Además de esto, más allá de que fue conceptualizada a lo largo de los años 1960, hoy no posee mucha prueba experimental.

Añadido a esto, no debemos ignorar el género de razonamiento tras la prueba, de tipo circular. El test del hombre fallecido asocia el accionar con el hecho de estar vivo al tiempo que cualquier cosa que logre llevar a cabo un fallecido es de manera automática considerado como no conducta, por ende, su idea es que estar vivo es homónimo de conducta y no estar vivo es homónimo de no conducta.

Esto nos transporta a la conceptualización de hoy de lo que se considera, o por lo menos se debería estimar, como conducta. Los investigadores de la conducta recientes señalan que cualquier accionar que conceptualicemos como tal debe poder ser medible y perceptible, aparte de que la conducta a investigar ha de estar formulada de manera clara, objetiva y sucinta y, precisamente, existen algunas cosas que los fallecidos tienen la posibilidad de “realizar” que se podrían estimar como conducta sabiendo estos factores y sería en un caso así en el que la prueba del hombre fallecido podría ser útil.

En el momento en que se realice cualquier clase de análisis de la conducta se van a deber elegir hábitos que sean socialmente significativos y en los que quede claro que el sujeto se implique, logrando revisar esto último usando del test del hombre fallecido. Pero, aparte de ello, todo analista de conducta debe cerciorarse de que las formas de proceder que ha predeterminado como semejantes sean medibles, observables, visibles, objetivas y sucintas. Si no cumple estos criterios ni tampoco pasa el test del hombre fallecido es requisito proponer otra conducta a valorar.

Referencias bibliográficas:

  • Cooper, J.O., Heron, T.Y también., & Heward, W.L. (2007). Applied behavior analysis (2nd ed.). Upper Saddle River, NJ: Pearson Education, Inc
  • Critchfield, T. S. (2014). Skeptic’s corner—punishment: Destructive force or valuable popular “adhesive”?. Behavior Analysis in Practice, 7, 36– 44.
  • Critchfield, T.S., & Shue, Y también. Z. H. (2018). The dead man test: A preliminary en fase de prueba analysis. Behavior Analysis in Practice, 11, 381-384.
  • Lindsley, O. R. (1991). From technical jargon to plain english for application. Journal of Applied Behavior Analysis, 24(3), 449–458.

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