El sistema inmunitario permite la vida de los seres vivos anatómicamente complejos en el mundo. Todos y cada uno de los animales somos sistemas libres, puesto que necesitamos la entrada de energía con apariencia de materia orgánica, de oxígeno en el aire y de una inmensidad de nutrientes para desarrollar nuestras funcionalidades metabólicas.

Por todas y cada una estas causas, los sistemas digestivo y respiratorio están expuestos al exterior, en tanto que comunican directamente con el ámbito por las fosas nasales y la boca, respectivamente.

Estas vías de entrada de gases y materia son una pista libre para cientos de virus, bacterias, protozoarios y helmintos, que se instauran en las mucosas de los tractos y, a veces, viajan por el sistema circulatorio y también invaden hasta el interior de las células. Para eludir la desaparición segura del hospedador frente a una infestación patógena, el sistema inmunitario actúa con distintas barreras biológicas.

Desde la piel a los linfocitos, hay una sucesión de mecanismos que previenen la proliferación de microorganismos en nuestro cuerpo, de una manera u otro. Las barreras primarias (piel, mucosas, saliva, sudor y tos) evitan la entrada de los patógenos, pero en el momento en que estos se instauran por cualquier fundamento, entran en acción una secuencia de cuerpos celulares correspondientes al “sistema inmunitario innato”, que trabajan de manera general y rápida contra las invasiones. Los macrófagos son unos de los cuerpos celulares mucho más esenciales en este desarrollo, y aquí te lo contamos todo sobre ellos.

¿Qué son los macrófagos?

Los macrófagos son unos cuerpos celulares de naturaleza inmunitaria que derivan de los monocitos de la sangre, que paralelamente son producidos en la medula ósea por predecesores especialistas. Se puede destacar que, en contraste a otros elementos circulantes, estas células tienen un polimorfismo bastante marcado, en tanto que se muestran de manera esférica, ovoide y poligonal, con unas 12-15 micras de diámetro total. Asimismo tienen un núcleo ovoide y prácticamente vacío, con muy poca cromatina.

Producidos desde los monocitos, los macrófagos dejan la circulación para instituirse y marcar la diferencia en diferentes tejidos. Estos cuerpos celulares están en casi todas las ubicaciones del cuerpo, y su función primordial es fagocitar y digerir cualquier agente biológico que se interprete como arriesgado o extraño al organismo. Además de esto, podemos destacar que hay múltiples tipos según su ubicación:

  • Macrófago alveolar: como su nombre señala, se encuentra en los alveolos pulmonares. En grupo, estos cuerpos celulares se dedican a la defensa de las vías aéreas inferiores.
  • Células de Kupffer: encargadas de la contestación inmune y modulación del tejido en el hígado.
  • Microglía: se encuentra en el sistema inquieto central. Suprime las neuronas viejas o fallecidas y ejercita control sobre la inmunidad en el sistema inquieto.
  • Macrófagos del bazo: se dedican a remover los glóbulos colorados viejos o disfuncionales. O sea increíblemente esencial, ya que deja la renovación sanguínea.

Funcionalidades

Como puedes observar, los macrófagos terminan con patógenos, pero asimismo con células del propio organismo que no sirven o son muchos viejas. Ahora, exploramos ciertas funciones en general de los macrófagos y sus peculiaridades mucho más atractivas. No te lo pierdas.

1. Fagocitosis

Como su nombre señala (macro, grande y fago, comer, “enorme comedor”), la primordial función de los macrófagos es fagocitar todos y cada uno de los cuerpos extraños que se introducen en el organismo, como bacterias y substancias de desecho metabólico.

Los neutrófilos (los glóbulos blancos mucho más rebosantes del sistema circulatorio, representando un 70% del total) son los primeros en llegar al foco de infección, pero su historia útil es cortísima, de unas horas a unos cuantos días como bastante. La existencia de los neutrófilos como primera barrera de defensa interna impulsa a los macrófagos, que van a ir al rincón de acción y empezarán por fagocitar a los propios neutrófilos fallecidos.

Una vez se han encontrado con el patógeno, el macrófago lo envuelve con un fagosoma o vesícula endocítica, una vacuola formada en torno a una partícula asimilada por fagocitosis, que entonces se fusiona con un lisosoma internalizado en la célula fagocitaria, dando rincón a un “fagolisosoma”. Al final, distintas enzimas y peróxidos tóxicos actúan sobre el microorganismo encerrado en el fagolisosoma y lo destrozan.

2. Activación del sistema inmunitario

El macrófago destroza la amenaza localizada en el tejido preciso, pero aquí no termina su función. Los restos metabólicos producto de la digestión del microorganismo son expuestos en partes concretas de la membrana celular del fagocito, lo que deja la identificación de la amenaza por la parte de los linfocitos T helper.

No vamos a centrarnos en cataratas inmunes complicadas, ya que nos es suficiente con comprender que el reconocimiento y multiplicación de linfocitos fomenta la circulación de inmunoglobulinas (o anticuerpos). Estos anticuerpos reconocen a los antígenos en la área de los microorganismos vivos y se adhieren a ellos, actuando como señalizadores claros de amenaza. De esta manera, el resto de macrófagos saben a quién agredir de manera acertada y otros cuerpos celulares se ponen en marcha para parar el acontecimiento infectivo.

Se piensa que el sistema inmunitario se distribuye en 2 vertientes: “innato” y “conseguido”. Los macrófagos pertenecen a los mecanismos de nacimiento, pero como vas a poder ver, el sistema inmunitario conseguido no podría existir sin ellos. Esto nos hace sacar 2 conclusiones clarísimas:

  • El sistema inmunitario innato (de manera especial macrófagos y neutrófilos) activan al sistema inmunitario conseguido en contestación a una infección.
  • El sistema inmunitario conseguido usa los mecanismos de la inmunidad innata para accionar. Esto significa que, una vez se han producido los anticuerpos y estimulado los linfocitos, los macrófagos prosiguen atacando a la amenaza.
Macrófagos del sistema inmune

3. Reparación de tejidos

Alén de la ingestión de compuestos foráneos, los macrófagos asimismo juegan un papel fundamental en la cura de lesiones y regeneración tisular.

En el momento en que se genera una lesión, las plaquetas son de las primeras construcciones circulantes en llegar a la región abierta, puesto que su función es inducir la coagulación lo mucho más veloz viable, con el objetivo de sostener la homeostasis interna.

Atraídos por los causantes de desarrollo plaquetarios, los monocitos asisten a través del torrente sanguíneo a la herida, con asistencia de las paredes de los vasos y pilíferos finos.

Estos maduran de forma rápida en macrófagos, cuya función es sostener a raya a toda bacteria o patógeno que intente ingresar por la apertura sangrante al medio. Asimismo se dedican a liberarse del tejido fallecido (a través de la liberación de proteasas), lo que “hace espacio” para una regeneración tisular rápida y eficaz.

Los macrófagos y el cáncer: un arma de doble filo

Como no podía ser de otra manera, debemos dedicar unas últimas líneas al papel de estas células inmunes en el avance de neoplasias malignas, ya que el cáncer pertence a los problemas médicos mucho más graves en todo el mundo hoy en dia.

Lamentablemente, la información es discordante en este campo, y bastante menos efectiva de lo que cabría aguardar. Según estudios como “Macrophage diversity enhances tumor progression and metastasis”, anunciado en la gaceta Cell, los macrófagos tienen la posibilidad de favorecer y apresurar el desarrollo y metástasis de las células cancerígenas, al revés de lo que cabría aguardar. Los acontecimientos inflamatorios que causan en etapas iniciales fomentan la mutación celular a cepas malignas, pero además de esto, asimismo impulsan la migración y proliferación de las células ahora cancerosas, inhibiendo aun los mecanismos antitumorales.

Vamos aún mucho más lejos, ya que el número alto de macrófagos en un tumor se relaciona de forma positiva con un pronóstico peor en muchos géneros de cánceres, como el de mama, el cervical, el cerebral o el prostático. Si bien aún no se comprendan todos y cada uno de los mecanismos que fomentan esta fusión tan problemática, indudablemente esta situación pone en visión que, en ocasiones, el cuerpo humano se aniquila sin asistencia de los componentes exógenos.

Resumen

Como pudimos ver, los macrófagos son células fundamentales para la contestación inmunitaria tanto innata como conseguida, de esta forma para arreglar tejidos y sostener la hemostasis, entre muchas otras cosas. Además de esto, su estudio y caracterización podría asistirnos a comprender cada vez mejor por qué razón brotan los tumores malvados, en tanto que semeja haber una clara relación entre los macrófagos y las células cancerígenas.

El futuro de la terapia contra el cáncer es agradable, ya que la intención de hoy es usar estos macrófagos como genuinos “caballos de troya”. Gracias a su relación con las células tumorales, podrían ser útil como depósitos para drogas anticancerígenas, aun como objeto de estudio para desarrollar terapias antitumorales dirigidas.

Referencias bibliográficas:

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